LA POLÍTICA NO VA A CAMBIAR SOLA

Por: Asiaraf Serulle.
En la República Dominicana, muchas personas han decidido alejarse de la política. Algunos por decepción, otros por cansancio. Y aunque es entendible, también es peligroso. Porque cuando los buenos se apartan, otros ocupan ese espacio.

Por eso hoy más que nunca necesitamos una política con propósito.

No una política de discursos vacíos ni de promesas que se olvidan. Sino una política que tenga dirección, que responda a la realidad de la gente y que busque soluciones concretas.

La política no es algo lejano. Está en todo: en el costo de la vida, en la calidad de la educación, en la seguridad de nuestras comunidades, en las oportunidades que tenemos o que nos faltan. Ignorarla no la hace desaparecer, solo nos deja sin voz.

Y aquí es donde entra una responsabilidad que no podemos seguir postergando: involucrarnos.

Pero involucrarnos no significa solo opinar o criticar. Significa prepararnos. 

Entender cómo funciona el país, cómo se toman las decisiones y qué podemos hacer para influir en ellas.

Una política con propósito exige formación.

Exige jóvenes que no se conformen con lo que ven, sino que se cuestionen, que investiguen, que construyan criterio propio. Que no repitan, sino que piensen.

La juventud dominicana tiene una oportunidad real de cambiar la forma en que se hace política. 

Pero ese cambio no va a ocurrir por sí solo. 

Requiere disciplina, conocimiento y compromiso.

También requiere que más mujeres asuman su rol en los espacios de decisión.

El país necesita su visión, su capacidad y su liderazgo. 

No como algo simbólico, sino como parte esencial de una política más justa, más equilibrada y más cercana a la gente.

Ahora bien, todo esto pierde sentido si no hay coherencia.

No podemos hablar de cambio haciendo lo mismo de siempre. 

No podemos exigir transparencia sin practicarla. 

No podemos pedir compromiso si no estamos dispuestos a asumirlo.

La política con propósito comienza en lo individual.

En cómo pensamos, en cómo actuamos, en lo que permitimos y en lo que rechazamos.

Comienza cuando dejamos de ser espectadores y decidimos ser parte.

El país no necesita más promesas. Necesita más personas dispuestas a hacer las cosas bien.

Este es el momento de dar un paso al frente.
De formarnos, de participar y de exigir.

Porque la política no va a cambiar sola. 
Pero cambia, cuando decidimos asumirla con propósito.

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